Notas sobre Cracovia y Auschwitz
2 septiembre 2010

Detalle del campo de exterminio de Auschwitz

Hay en Cracovia muchas iglesias. Tanto que alumbró un Papa que fue obispo de la ciudad. Hacía tiempo que no veía a tantos fieles esperar en la fila para confesarse en la Iglesia de Santa María. Y no todos eran señoras metidas en años. Los de allí, se persignan al paso del templo, ubicado en la plaza medieval más grande de Europa. La plaza del mercado que es acompañada cada hora por la trompeta que avisó de las invasiones tártaras y que una flecha intrusa interrumpió atravesándole la garganta al vigía en el campanario. Un espacio que aloja en su centro el antiguo mercado, ahora lonja de los paños y que se salvó de las bombas porque a los nazis le gustó el sitio y lo protegieron por su hermosura, pese a lo bestias que eran.

Siguiendo la ruta del espanto, atravesando el barrio de Kamiziers, donde vivían los judíos desde la edad media, cuando el rey les permitió instalarse en Polonia sin posibilidad de acceder a las propiedades del campo, llegas a la otra orilla del Vístula. Allí levantaron los nacionalsocialistas el gueto y allí se encuentra la fábrica donde Oskar Schindler explotó y salvó de la muerte a un millar de judíos. La antigua factoría se ha convertido en un museo con guardarropa. En el itinerario del turismo del genocidio de los hijos de Israel, te cobran por entrar al decorado de la película de Spielberg y te muestran los planos de la industria, para que recuerdes la acción desprovista de toda de la emoción de la esclavitud a la que sometió a los del gueto el tal Schindler, a los que luego ayudó y eso le valió ser uno de los Justos, titulo que el Estado de Israel concede a quienes no miraron para otro lado en el holocausto.

Un héroe, que murió solo e indigente y está enterrado en la tierra de Yahvé. Llegamos al decorado cinematográfico una hora antes del cierre y ya no nos dejaron pasar. No se debe pagar en la ruta del terror y no insistimos. En ese barrio queda un resto del muro, que los nazis hicieron construir con lápidas del cementerio judío. Su visita es libre, como lo es la plaza desde donde partían los trenes para Auschwitz-Birkenau. Una enorme explanada hoy salpicada de sillas de metal. Símbolos que recuerdan las interminables colas para embarcarse en los vagones de ganado que conducirían a los judíos al infierno. Decenas de sillas que recuerdan la angustia que padecieron aquellos desgraciados. Antes, los polacos de Cracovia habrían ocupado las casas de los perseguidos en el barrio de Kamiziers, que desalojaron los nazis a golpes y fuego.

Los polacos, que también profesaron el antisemitismo y quemaron a centenares de judíos en 1941, en Jedwabne. Terminada la contienda, en 1946, en Kielce, los polacos asesinaron a doscientos judíos, tras una acusación enloquecida y rabiosa del rapto de un niño. Los polacos que acumularon siglos de envidia contra los comerciantes judíos que se enriquecieron, mientras la mayoría de ellos bregaba con el pedrisco y las heladas en los gélidos campos de un país sometido a las invasiones de sus vecinos más poderosos.

Muy pocos de aquellos deportados a los campos de exterminio debieron ver los verdes prados y los bosques de fresnos y hayas por los que discurre el acceso a esos centros donde se pretendía exterminar a todo un pueblo. Allí, los turistas empuñan sus máquinas y disparan a diestro y siniestro y posan ante el horror sin rubor ni consideración en ese matadero que los nazis edificaron para el expolio, el escarmiento y la aniquilación, en nombre de una supuesta raza aria; el hombre perfecto, tergiversando a Nietzsche . Un parque temático, organizado en visitas guiadas en Auschwitz que cobran la muestra, aunque digan los estatutos del campo que recorrer los escenarios de la matanza ha de ser gratuito, por su uso pedagógico.

Algunos se atreven y posan ante el paredón de fusilamiento y delante del horno crematorio. Una foto bonita en el paquete turístico que incluye más tarde la visita a las minas de sal y subida al campanille de Santa María donde suena la trompeta fracturada cada hora.
Uno, para que salga bien la foto, desplaza un ramo de flores depositado en la vía del tren, frente a lo que fueron las cámaras de gas, que los nazis dinamitaron en su precipitada huida, para borrar las huellas de su crueldad asesina.

Da la impresión, pese al gentío, que el tren de Spielberg van a entrar en cualquier momento y se te hiela el alma al retroceder a la pesadilla. En Birkenau, casi es posible oir las voces de los SS, los ladridos de los pastores alemanes y los gritos de los condenados. El grito que reprimes y el aliento contenido cuando te topas con miles de zapatos y maletas saqueadas de sueños rotos en unas enormes vitrinas de Auschwitz. Más allá un zapatito de un bebé y las fotos de las víctimas, entre ellas las de niños. Me traigo una conmigo para no olvidar y no ser ajeno a la tragedia y no callar los excesos de ahora, como los nuevos muros que nos dividen y encierran.

Pasados los años, los tour operadores judíos organizarán en Gaza visitas guiadas en grupos multilingües. Editarán un plano de ese inmenso campo y rotularán en granito los nombres de los palestinos asediados, asesinados…”Aquí falleció…por una bomba, aquí murió…por falta de medicinas, aquí había una casa con una familia que desapareció, aquí los palestinos abrieron unos túneles para conseguir comida al otro lado del muro, aquí impactó un proyectil y achicharró a … niños, aquí se impidió atracar a un barco con ayuda humanitaria que hubiera salvado la vida de … ancianos. Y a la salida del gigantesco campo, la degustación del rancho que comían los palestinos de unas cuantas calorías, como aquellas que ingerían los judíos, suficientes para aguardar la espera precisa de su ejecución.

GALERÍA DE FOTOS
Auschwitz-Birkenau
Cracovia

Datos técnicos.
Para llegar a Cracovia en Tren desde Varsovia. De la estación central parten muchos trenes. Nosotros tomamos uno que saliendo a las 10:18 llegaba a las 13:00 y nos costó el billete unos 18 euros.

En Cracovia merece la pena ver el museo de la farmacia, en la calle c/ Floriañska 25 y el café Jama Michalika, también en la misma calle y si quieres comer bien, te recomiendo una mesa en el restaurante francés la Fontaine, en la calle Sławkowska 1, muy cerca de la inmensa plaza.

Tienes también una librería española, en pleno centro. Eva Malec es la librera y te podrá orientar sobre títulos polacos en español, útiles para entender la historia y vida polacas. A mí me recomendó “Dos ciudades” de Adam Zagajewski y me encantó. Librería Elite

Para ir a Auschwitz-Birkenau. En autocar o minubuses que salen de la estación de Autobuses de Cracovia, a la espalda de la de trenes. Muy baratos. En polaco el destino es la ciudad de Oświęcim. El último regresa a las siete de la tarde.
Si vas en verano, es mejor que inicies la visita en Birkenau.

Desde Auschwitz, donde te deja el bus, parten lanzaderas gratuitas cada media hora hacia ese segundo campo, donde son visibles las instalaciones de la muerte. Los barracones, las letrinas, las literas, los escombros de cámaras de gas y crematorios, las vías del tren, las alambradas, las garitas, y el fango sobre el que se edificó. Ya a mediodía, sobre las tres, regresas a Auschwitz y puedes visitarlo de manera individual, gratis y sin guía.

Si lo deseas puedes ver un documental que grabaron los rusos cuando los nazis ya se habían ido. La entrada vale un euro y medio. Puedes comprar una pequeña guía que te orientará la visita, que en realidad es a un museo del horror.

Esta entrada tiene un comentario
  1. Denys Sofía
    23 marzo 2011

    Puede pasar el tiempo y los abusos el genosidio, siguen por la ambición sin medida del hombre llamese, nazi en la franja de gaza, libia, cuba, en cualquier lugar del mundo.
    falta sencibilidad.

Deja tu comentario